miércoles 15 de julio de 2009

El poder de las palabras



Carbonizaran mis neuronas
Las respuestas, que de vuelta,
Me interrogan como lanzas
Contra mi frente.
Incrustándose en mi cabeza
Como ineludibles e indestructibles
Semillas de humo
Y balas de mimbre.

Encadenare, pues,
Palabras inexistentes con eslabones de fe.
Para crear universos.
Para moldear almas de cartón-piedra
Que en los inviernos de ceniza
Estrechen minutos de albor
Y Biblias de ocaso.

Empuñare afiladas palabras
Para destripar las sombras.
Y se hará la luz.
Volverá la vida.
Bordeara mi cintura como una galaxia
Descubierta, deseada, desbocada…
Y quedare tendida, sonriendo,
Sobre la estela
Que vomito el caos vencido.




El poder de las palabras II

Este cerebro trasegando
En garabatos de tinta,
Encontrara mi voz enfundada
En raídos versos.

Esta poeta mediocre
Remontara a traspiés
Los días de tedio
Encaramados a mi espalda.
Las horas de desesperanza
Y de existencia despoblada.

Desencarrilare mi alma forastera,
En algún vagón en blanco.
Sin propiedad.
Para avanzar como un disparo
Sobre el verbo desgarbado.
Y disiparme en puntos suspensivos…
Borrones del tiempo
Y fugas de luz.

Alma en espera




Espero el hueco vació

Donde reinventar mis parpados y cada hueso

Con preludios continuos

Que nacen y se extinguen.


Espero el aire colmado de espacios

Donde recrear cada color oportuno

Con trazos discontinuos

De tinta y despertares.


Espero como cualquier alma ensimismada

En las horas que busco y me encuentran.


Espero como el alma que no busca nada

Y se deja atravesar

Por la luz que me alumbra,

Por el calor que me alberga.


Espero como el alma abandonada

Que encuentra promesas,

O el alma interrumpida

Que pierde respuestas.


Espero como el alma siempre desconocida

Que se mantiene ajena y quieta.


Espero como el alma que se prolonga

Para enraizarse en el fondo de ti.


Espero como el alma que se quiebra

Y aprende, al fin, a vivir.

Vaiven de elegia


Llegaste al fin, insomne muerte,

En tu sorda zancada perdida.

Aprisa surcaste la azabache estela,

Cual lúgubre horizontal de clemencias mecida,

Que se turba y se recuesta

En un vaivén de elegía.


Crispante melodía despierta,

Ante tal llegada imponente.

Que me trenza en yerta espada

Para clavarme en ti, muerte.


Ansiando anudarme a tus pestañas

Por mi desorbitada furia, tensadas.

Hasta conseguir dejar sus entrañas

En el aire intransitable, ancladas.


Y calmar con gasa de brasas

Tu desvalida mirada,

Tus ya, imprecisos ojos.

Dejando tan solo de ellos

Dos profundos y huecos despojos.


Y alcanzar a lamer, lasciva, tu sangre,

Mi incontenible lengua de sable.

(y con tal seductor gesto)

Sutilmente surcare, profundo tu pecho.


Lograre tornarme caprichosa mina

Reventándome en tu boca.

Y entre tus cadavéricos cimientos,

Hambrienta carcoma loca.


Y cuando casi extinguida, pidas clemencia,

Me descubriré, para ti, de la crueldad,

Devota presencia

Escarbando en tus sangrientas heridas.

Donde sembrare colmenas de serpientes homicidas.

Y recostada en tal tormento,

Allí, vieja amiga, cavare tu lecho.


Tanta ira desgarrando mi consuelo,

Me levanta en torrentes de viento

Y huracanes de hielo.

Pues desde esta brutal travesía,

Solo puedo quedarme donde he llegado

Deshabitada y perdida.

Y solo me es posible seguir viviendo,

Ante ti

Y mis pedazos de odio luchando en su nombre.


Y repito su nombre “ Eduardo”

Y descubro dentro, destellos de vida.

Rebusco en su memoria

Y tras ella, aun mas vida.

Jirones de pasión en su recuerdo,

Claridad inmensa.

Y vida, vida,

mucha vida.


Resbalando en mis ojos

Su lindo horizonte perpetuo

Y su inextinguible esencia.

Descubro que tan lejos, mi primo …

tan lejos no queda tu ausencia.

Temblor de versos


Hay momentos en la vida

Que nos despeñan brutalmente por súbitos precipicios de rocas

Que nos observan como puñales despiadados.


Nos precipitamos violentamente

Dando agónicas vueltas de campana,

Lentas,

Como hojas rotas que caen.

Y en el transito hacia abajo,

Toda nuestra vida discurre suavemente

Como una caricia sangrante en la piel.


Intento amarrarla fuertemente contra mi cuerpo,

Pero se escurre dulcemente entre mis brazos,

Rozando mi rostro

Y secando las lágrimas que resbalan horrorizadas.


Y en mi delirio

Pretendo no creer que este desfallecimiento sin retorno,

Es como el vuelo de un sueño, sin soñar.

Y son los golpes contra los vértices heridos de la vida

Los que me hacen retorcerme de dolor

Y ser plenamente consciente

De que la caída en si,

Es tan dolorosa como su golpe.


Hoy mis dedos trémulos,

Rasgan el aire,

Retorcidos como alambres asesinos.

Buscando otro tiempo donde escapar

O algún camino de vuelta

O un par de alas perdidas

O una isla desierta.


Hoy mi corazón

Parece agotado de latir tan deprisa

Y tan ausente.

E impulsa sangre con cenizas y ecos

A cada espacio hueco de mi cuerpo.


Hoy te busco

A ti,

Para encontrarme

A mí.

Hallar a aquella mujer infinitamente feliz

Que asomaba brillando en el fondo de tus ojos.

…cuando yo era.


Y frente al espejo,

Intento que sea en mis pupilas

Áridas y agotadas,

Donde me descubra.

Y solo encuentro

El temblor de lágrimas secas.

Me busco en las palmas de mis manos

Que yacen dormidas.

Y solo encuentro

El temblor de versos,

Que se emborronan a escondidas.

Surgir


Para ser luz, hacerme candil.

Para ser candil, esperare la noche.

Para ser voz y ser sentido.


Para ser tramo y ser voluntad.

Para despertar…


Encontrar el vientre del planeta

De donde arrancar más vida.

Y compartir las mismas miradas,

Respirar distintos dialectos,

Hermanar cada llanto y cada beso.


Ser laúd, darbuka o yembe

Y deslizarme por el desierto eterno.

Sobrevolar pueblos, aldeas, cabilas,

Arrullando pieles quemadas por siglos.

Alientos lejanos.

Voces dormidas.


Ser horizonte calido.

Ser fulgor. Ser vida.

Y avanzar…

Desde dentro,

A través de mi alma.

Romper y surgir,

Valiente y serena.

El minuto en que todo cambio



Cuando el miedo embarga

La razón adormecida del alma,

Es hora, mi inseparable compañero de caminos perdidos,

De echar a andar.

Sin torpes tambaleos, Sin volver la vista atrás.


Cuando es la muerte

Quien hoy pretende

Querer enseñarme a vivir,

Es el momento de recoger

Cada latido perdido

En las cunetas del pasado.

Hacer acopio de sueños vencidos

Y tornarme la guerrera heroica

Que de esta lucha me haga regresar.


Cuando la vida parece tan bella

Que duele mirarla

Si no la puedo abrazar,

Necesito que sean tus brazos

Quienes me anclen perpetua a este instante

Donde no corre el tiempo,

Ni la esperanza se quebranta.

Donde nuestro amor persiste fiero a los zarpazos.


Que sean las risas de mis pequeñas

Las que me enseñen a amarrarme

a tiempo, al viento …

Que nunca deja de avanzar.

Con la fuerza y la calma

Que encuentro en la voz de vuestras miradas

Que son mi hogar.

martes 14 de julio de 2009

Palabras de tiza


Te vas,

Dejando entornada nuestra puerta

Y tras ella,

Mi destino congelado,

Que rompe a hervir, intermitente,

En los largos transcursos

De cada latido,

Que se sienta a esperarte

Y prende la luz

De el “después”

De “mas tarde”.


Enmudeciendo el estruendo chirriante

Que salpica la angustia, en mi cara.

Reposando sobre mis ojos

Varios soles ardientes, sobrepuestos,

Que te acercan en rápidos recortes

De alcoba desnuda.

Descansando, como entre granos de café,

En el aroma de encontrarte.

Expandiéndose, profunda y lentamente,

En el deleite

De la espera y

De el llegar.

Permanezco inmóvil.

Aguardando la caricia de tu voz

Que siempre acaba por abrazarme.

Esperando, tus dedos de tiza,

Escribiendo versos sedientos

Sobre mi piel,

Que el sudor exaltado

Se encarga de borrar,

Para volver a reinventarlos y rescribirlos.

Desde tus dedos

Hasta mí.

Sin rima, sin métrica.

Solo un profundo agujero

Escupiendo palabras benditas

Que se dibujan, impacientes, en mi cuerpo.